viernes, 13 de enero de 2012

LECCIONES APRENDIDAS DE MI PARTICIPACIÓN EN LA 1ª JORNADA ARGENTINA SOBRE ALFABETIZACIÓN INFORMACIONAL, Y ALGO MÁS


Durante los días 17 y 18 de noviembre estuve en la ciudad de Mendoza, Argentina, en la que participé como ponente en la 1a Jornada Nacional Argentina sobre Alfabetización Informacional, organizada por la Universidad Nacional del Cuyo (UNCUYO).

Mendoza es una ciudad hermosa, extensa, rodeada por uno de sus costados por los imponentes Andes nevados. En ese tramo andino se encuentra el Aconcagua, la montaña más alta de América del Sur. Fue muy emocionante estar tan cerca de aquel referente que estudié en la Geografía de la escuela primaria.
La ciudad es un ejemplo del triunfo en positivo del hombre sobre la naturaleza, pues, tratándose de que la ciudad se asienta en una zona desértica, se observan hermosos jardines, sus calles y avenidas están llenas de árboles, y en las calles más estrechas las ramas se abrazan y crean túneles vegetales. También me parecieron muy pintorescos los viñedos ubicados en el territorio del aeropuerto de la ciudad.

Parte del trabajo de hacer llegar agua al territorio desértico de Mendoza proviene de una tecnología heredada de sus pueblos indígenas, quienes aportaron las acequias, rasgo emblemático de la ciudad que llamó mi atención desde el primer momento.  Las acequias recorren la ciudad como arterias que recogen y distribuyen las aguas de los deshielos.

Mendoza es una zona fascinante para contactar la tradicional cultura del vino y del aceite de oliva. Así como la más reciente producción de derivados de esos productos, como los cosméticos para la piel y el cabello, y deliciosos aderezos para la carne a la parrilla y los vegetales que adquirí, con los que prepararé una rica comida en Caracas y así prolongué los recuerdos, olores y sabores del viaje.
La gente de Mendoza es muy simpática, allí hice buenos compañeros de ruta y de sueños con quienes espero continuar manteniendo ricas interacciones profesionales. Saludo especialmente  a  Analía Povolo, Coordinadora de ALFIN SID UNCUYO y a Adrián Méndez Coordinador del Proyecto Biblioteca Digital de la misma universidad.  En Mendoza conocí a otro buen compañero de ruta, Alejandro Uribe Tirado, colombiano, Docente-Investigador de la Escuela Latinoamericana de Bibliotecología de Antioquia, Colombia,  promotor de iniciativas de ALFIN en América Latina.
Como lo indicaba su nombre, la 1a Jornada Argentina sobre Alfabetización Informacional  era nacional, sin embargo, en la práctica operó como una jornada de carácter internacional si se tiene en cuenta que contó con la participación activa de profesionales de México, Colombia, Uruguay, Chile y Venezuela. Las actividades de la jornada fueron muy intensas y se dieron interesantes y enriquecedoras discusiones. Conferencias, ponencias, paneles, posters y stands con la oferta de productos y servicios en el ámbito de las ciencias de la información tales como bases de datos, libros en formatos electrónicos, dispositivos para  leerlos, entre otros. De especial significación el mural sobre libros prohibidos durante la última dictadura militar en Argentina, presentado por compañeros de la Universidad Nacional de Córdoba.

Por Venezuela participamos la Lic. María Carolina Rondón y la Dra. Beatriz E. Tancredi G., quien escribe este texto, ambas de la Universidad Nacional Abierta. Juntas presentamos una ponencia basada en el Trabajo de Grado de Carolina, titulado Lineamientos para la integración de la Alfabetización Informacional en Sistemas de Educación a Distancia del cual fui su tutora, el cual obtuvo la calificación de Excelente y con el que alcanzó el título de Magister Scientarium en Información y Comunicación para el Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela, a escasos días de nuestro regreso a Caracas. Nuestra ponencia se tituló: Propuesta para valorar la integración de la ALFIN en universidades que se organizan como Sistemas de Educación a Distancia.

Como es mi costumbre, al concluir mi participación en un evento de esta naturaleza, me planteé un conjunto de conclusiones y reflexiones personales.  En esta oportunidad destaco las siguientes:

  1. Observé que persiste la polisemia en la denominación de las iniciativas de alfabetización informacional, cuestión que ya habíamos advertido Carolina, mi asesorada, y yo cuando realizamos el arqueo de información para la elaboración del estado del arte en su Trabajo de Grado. Sin embargo, aprecié una tendencia en curso que pareciera reducir la frondosidad del campo a dos corrientes: la representada por aquellos que se inclinan por el término ALFIN, que incluye el vocablo alfabetización, lo cual la posiciona en el campo de lo que se ha denominado alfabetizaciones emergentes o de nuevo cuño, y la de aquellos que rechazan el vocablo por considerarlo en cierta medida despectivo, razón por la cual prefieren el término Desarrollo de Habilidades Informacionales. Yo me inclino por el término ALFIN, no tengo problema alguno con el uso del vocablo alfabetización, además de que considero que, conceptualmente, el desarrollo de habilidades informacionales es el objeto que se propone la ALFIN, por lo tanto, a mi criterio, el objeto no puede ser en sí mismo la denominación del campo. No quisiera detenerme mucho tiempo en este tipo de disquisiciones pues nos detendría en el avance hacia los grandes desafíos que nos plantea esta disciplina emergente. En todo caso, ante la frondosidad de significados del término, pareciera seguirse una vía más pragmática en la que convergen ambas corrientes y es la de consensuar las diversas competencias informacionales en las que los practicantes de la ALFIN debemos trabajar con empeño.
  2. Percibí una tendencia generalizada a focalizar la atención de la ALFIN en el desarrollo de programas dirigidos a alfabetizar informacionalmente a las personas. Prácticamente, es de lo que más se habla. Ya lo habíamos advertido en el referido Trabajo de Grado. Ello nos llevó a abrir nuevos escenarios para la ALFIN y a mover el centro de gravedad de la discusión desde la persona que se alfabetiza hacia las instituciones de información que están legitimadas para alfabetizar, pero que a nuestro criterio también son objeto de alfabetización si se consideran como un ser vivo que genera, consume y provee información. De allí que abriéramos una línea de trabajo en la ALFIN, en la que continuaremos profundizando, concretamente la referida al abordaje de la ALFIN desde una perspectiva organizacional, particularmente para el caso de las instituciones universitarias que funcionan como sistemas de educación a distancia. Destaco que el término institución de información fue reseñado por el mexicano Jesús Lau (2007), quien también participó en la Jornada.
  3. A esta altura existe abundante material sobre programas de ALFIN producido, en español, en América y España, sin embargo, pude apreciar muchas iniciativas de desarrollo de programas “desde cero” en cada institución participante. Sin demeritar las contribuciones que han representado esas iniciativas y mucho menos los resultados alcanzados por aquellas, considero que no es esa una ruta adecuada para transitar con buen ritmo hacia los grandes desafíos que a mi criterio se nos plantean a los practicantes de ALFIN, como son la formación masiva, acelerada, con calidad e incluyente de la ciudadanía en materia de competencias informacionales. A mi criterio, se impone más bien el estudio crítico de las experiencias de programas existentes, exitosos o no, su revisión, adopción o adaptación, según el caso, previa solicitud de autorización a sus autores, en lo que no encuentro mayores dificultades si se tiene en cuenta que muchos de los materiales educativos de esos programas se encuentran dispuestos en la web bajo la lógica de acceso abierto. Considero que el compartir los materiales podría conducir a la realización de investigaciones conjuntas dirigidas a valorar cómo se comportan aquellos en uno u otro contexto, al enriquecimiento de los mismos al utilizarlos en otros entornos y bajo otras perspectivas. En otras palabras, recomiendo que entre los practicantes de la ALFIN se ponga en práctica la competencia informacional dirigida a valorar la información existente a la que tanto nos referimos para aplicarla a los alfabetizables, pero que no terminamos de activar en nuestra propia práctica profesional. Evitemos que se cumpla el refrán popular  “en casa de herrero cuchillo de palo”.
  4. Otra marcada tendencia que percibí fue la de denominar “programa de ALFIN” a cualquier tipo de iniciativa en la materia. Nuevamente, sin demeritar el valioso esfuerzo y tiempo invertidos en aquellas y mucho menos los resultados positivos alcanzados, considero conveniente que llamemos a cada cosa por su nombre. Una cosa es un curso y otra un programa. Ambos difieren en su estructura, en sus alcances y en la forma de evaluarlos. Este es un asunto de índole educativo en el que  considero que tendremos que profundizar quienes trabajamos en ALFIN si queremos consolidar el campo como una disciplina y en los que jugaríamos un papel destacado los educadores y las educadoras.
  5. Alejandro Uribe Tirado introdujo una imagen muy gráfica para explicar a la audiencia cuáles son las áreas sustantivas en las que descansa la ALFIN. Se refirió al “trípode” conformado por la tecnología, la bibliotecología y la educación. Esa imagen tuvo mucha resonancia y se convirtió en un factor organizador de discursos para enmarcar la formulación de preguntas, las respuestas a las mismas, las exposiciones subsiguientes. Quedó registrada en la audiencia la necesidad de que los bibliotecólogos amplíen sus conocimientos en el área de Educación, cuestión que comparto. Sin embargo, vi con cierta preocupación que se entendiera que estos profesionales deben necesariamente realizar estudios en educación conducentes a un título como una segunda carrera o un postgrado. Si bien esa puede ser la trayectoria de individualidades que tienen especial sensibilidad por el tema educativo, no considero que esa sea la ruta a seguir para completar las tres patas del “trípode”. Recordemos que los ingentes desafíos que a mi juicio tenemos planteados los “alfineros”: formación masiva, acelerada, con calidad e incluyente de la ciudadanía no pueden esperar, el tiempo es un recurso no renovable, y para acortarlo propongo más bien la posibilidad de activar equipos interdisciplinarios en los que los educadores juguemos un papel activo, junto con los bibliotecólogos  y los tecnólogos.
  6. Percibí una marcada tendencia a desarrollar la ALFIN desde y para las universidades. En razón de que el gran desafío que se nos plantea es el de formar a toda la ciudadanía, ratifico lo que fue nuestra posición en la ponencia: es necesario “desenclaustrar” la ALFIN del ámbito universitario. Escuelas, centros de trabajo, centros públicos de comunicación por Internet, comunidades organizadas, también serían agentes y beneficiarios de los procesos de alfabetización. Considero que la universidad debería tener un papel protagónico en la tarea de alfabetizar a otros públicos a partir del cumplimiento de su función extensionista. Redimensionemos el papel de la universidad en esta tarea.
  7. Un aspecto prometedor que pude apreciar para la educación universitaria, particularmente para la que se ofrece a través de la modalidad a distancia, es el creciente interés que se ha desarrollado entre los profesionales de la bibliotecología y de las ciencias de la información por los dispositivos para leer textos en formato electrónico, conocidos popularmente como e-readers. Responsables como son los bibliotecólogos de facilitar el acceso a la información a los estudiantes, en el caso de los centros universitarios, ellos parecen estar más conscientes que los mismos educadores de la necesidad de encarar el complejo tema de la distribución masiva de los materiales siguiendo otros paradigmas. Me agradó percibir esta sensibilidad en los bibliotecólogos, teniendo en cuenta que la logística de materiales de estudio en los sistemas masivos de educación a distancia, que conozco en profundidad, siempre fue un tema crítico, más aún si se considera que en la actualidad compite con otras metas de países como son el ahorro energético y la reducción de la tala de árboles para fabricar papel. Conocí en el evento el e-reader Papyre, producto español que tiene su sede para Latinoamérica en Argentina y al que me referí en mi entrada a este blog de fecha martes 12 de julio de 2011 en un reportaje titulado E-readers en la Feria Internacional del libro de Buenos Aires 2011, elaborado por la Lic. Diana V. Martínez Tancredi, mi hija. Muchos educadores apuestan por las tablets para encarar estas situaciones. Ellas constituyen un recurso extraordinario para determinados contextos de situación, sin embargo, vengo sosteniendo al respecto un punto de vista controversial, orientado por una visión estratégica de país: cuando se trata de emplear masivamente tecnologías para maximizar la concentración en la lectura con fines de estudio, sin distraerse en otras tareas, preservando la salud visual y el medio ambiente, y con economía de energía eléctricia, el e-reader es indiscutiblemente la mejor opción. Pueden conocer con detalles mi posición al respecto en la entrada a este blog del día martes 26 de octubre de 2010 que titulé E-readers: Una respuesta tecnológica incluyente y ambientalista. En una conferencia que dicté en Venezuela en las Jornadas de la Asociación Nacional de Directores de Bibliotecas, Redes, Universidades y Servicios de Información del Sector Académico y de Información (ANABISAI) ya advertía el papel protagónico que los profesionales de las ciencias de la información jugarían en un futuro cercano en los sistemas de educación a distancia. El interés de estos profesionales por la utilización de los e-readers constituye un adelanto de estos nuevos escenarios, así que, ¡adelante amigos! Invito a los interesados en este tema a escribir en mi blog para que compartamos ideas e iniciativas.


4 comentarios:

  1. Muy valiosa tu reflexión como educadora, que complementa la visión bibliotecaria... Saludes. Alejandro Uribe Tirado

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  2. Beatriz has logrado una síntesis sin desperdicio de este evento que implicó la intención de ampliar la regionalización en torno a la Alfabetización Informacional..ALFIN, coincido con tus apreciaciones, agradezco tu valoración para quienes apostamos a realizar el evento pero sobre todo: agradezco el aporte teórico-disciplinar que representó vuestra ponencia. A seguir pensando y sobre todo a seguir haciendo.
    http://alfin.uncu.edu.ar/
    Saludos andinos, Analía POVOLO, Argentina

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  3. Maestra Beatriz, Soy Alma Gómez de Mérida.
    Le pido su correo para poder contactarla el mio es : agomezygomez@gmail.com
    Le quiero proponer considere la posibilidad de una participacion en un evento de la institucion que represento

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